domingo, 28 de junio de 2009

Chpavez y el bumerán de las Farc

Editorial

El Colombiano, Medellin

27 de junio de 2009

Es innegable la cercanía que Hugo Chávez ha tenido y mantiene con las Farc, así en los últimos tiempos trate de aparentar lo contrario. La razón de su supuesta lejanía está motivada en la información encontrada en los computadores de "Raúl Reyes", en la cual quedan en evidencia sus especiales relaciones con el grupo insurgente, inclinación que le resulta altamente inconveniente frente al mundo civilizado y democrático. Si bien es cierto que el Primer Mandatario venezolano hizo recientemente un llamado a las Farc para que abandonen la lucha armada, y liberen a los secuestrados sin condiciones, también lo es que no le ha prestado una colaboración efectiva al Gobierno colombiano para frenar la presencia de guerrilleros armados en las zonas limítrofes entre los dos países.

Nadie puede ignorar que los ilegales han convertido las fronteras en verdaderas guaridas, apoyados en la obsoleta concepción de la soberanía del Estado y su inviolabilidad, concepto que ya debería estar superado en mundo globalizado. Los países, en muchas ocasiones, se ven forzados a realizar operaciones militares de legítima defensa en líneas fronterizas con el único objetivo de contener la violencia. Nunca con la finalidad de ocupar o usurpar un Estado vecino. Un reciente ejemplo nos da cuenta de la anterior realidad: el presidente Uribe le hizo un llamado respetuoso a Chávez para que le colaborara en la captura de los asesinos de ocho soldados colombianos que desactivaban minas antipersonal, en la serranía del Perijá, a un kilómetro de la frontera. Los terroristas se refugiaron en el hermano país. La única y desobligante respuesta fue: "No vamos a inmiscuirnos en esa guerra. Y no valdrá presión de ningún tipo, eso lo sabe muy bien el presidente Uribe". ¡Vaya colaboración!

Lo que el presidente Uribe le está solicitando no es nada extraordinario, ni va contra ninguna norma de soberanía. No es más que la aplicación de las Resoluciones 1373 de 2001 de la ONU y 837 de 2003 de la OEA, que señalan que los países miembros deben abstenerse de proporcionar cualquier tipo de apoyo, activo o pasivo, a las entidades o personas que participen en la comisión de actos terroristas, o de darles refugio o albergue. Y, de hacerlo, se convierten en cómplices. Las permisivas posiciones de Venezuela y Ecuador contrastan con la clara y contundente decisión de Brasil contra el terrorismo y el narcotráfico. Los presidentes Lula y Uribe acordaron un mecanismo de vigilancia conjunta para la zona de frontera, la Amazonia, en la que los dos países comparten 1.644,2 kilómetros. Se está fortaleciendo el control a través del monitoreo del espacio aéreo desde cada territorio por medio de radares y satélites, en un área entre 50 y 60 kilómetros, a lado y lado de la línea divisoria.

La preocupación por la simpatía de Chávez con las Farc no es sólo de Colombia sino de los propios venezolanos. Según denuncias del partido social-cristiano Copei, el grupo guerrillero estaría "regado" en Venezuela, en nueve estados, donde secuestran, extorsionan, controlan el narcotráfico y reclutan, bajo el beneplácito de Chávez. En nuestro país sabemos que "Martín Sombra", hombre cercano a "Tirofijo" y al "Mono Jojoy", y uno de los carceleros de Clara Rojas, había llegado del vecino país, donde estuvo en tratamiento médico, poco antes de su detención, en febrero de 2008. La amistad con las Farc se convirtió en un bumerán para Chávez, que seguramente el pueblo venezolano le cobrará.

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