domingo, 28 de junio de 2009

Mis breves reflexiones sobre las Farc

Oscar Tulio Lizcaqno

La Patria, Manizales

Junio 26 de 2009


Cada día en las selvas colombianas comprobaba el proceso de degradación en el que entraron las Farc, no sólo por el trato degradante que sufrí a pesar de ser un civil ajeno a su lucha, sino con los atropellos, las ejecuciones y los castigos, a los que se someten entre ellos.


Desde aquel día en el que logré fugarme a las Farc de la mano de Isaza, mi último carcelero, he llevado en el alma el amargo sabor de no conocer algunos hechos que habían ocurrido a mi alrededor. Durante el tiempo de mi cautiverio, traté de ignorar el entorno hostil a que me sometieron la mayoría de los 17 carceleros que estuvieron al mando de los casi 300 guerrilleros que me custodiaron en los 3.004 días. Aún así, hubo hechos como fusilamientos, suicidios, embarazos, abortos, castigos crueles y tratos inhumanos, que en ocasiones viví de cerca como observador; las sufrí como protagonista, y fueron motivos de preocupación.

Guardé estos hechos en mi memoria como testimonio fehaciente de la guerra con la firme intención de contrastarlos cuando obtuviera la libertad. Emprendí esta tarea apenas pude recuperar mis fuerzas y localicé a varios comandantes guerrilleros que me custodiaron y que hoy están desmovilizados. Mi intención fue hacer un libro para construir una versión lo más cercana a la realidad de esas historias que habían quedado incompletas en la selva.


Me encontré con relatos que me conmovieron y me convencieron de que la mayoría de los jóvenes que engrosan las filas de la guerrilla están allí por la intimidación y el terror que sus jefes les infunden, que permanecen allí sin tener una conciencia política, que una vez reaccionan ante la realidad, intentan huir y al ser descubiertos son asesinados.


Como es el caso de un niño de color que le decían “comidita”, que con apenas 13 años trató de huir y al ser sorprendido fue degollado por sus propios compañeros por orden del comandante Sebastián, encargado de la comisión que me custodiaba.


No puedo sacar estos dolorosos hechos de un contexto político. Desde mi formación académica como estudiante y luego como profesor de investigación socio-económica, me dediqué a analizar a las Farc, no sólo como víctima de un delito aberrante como el secuestro, sino como observador de un día a día que se abría ante mis ojos cada minuto de mi cautiverio.


Las Farc han jugado a ser un ejército del pueblo, y no a un transparente partido político. A mi modo de ver, ese grupo guerrillero viene sufriendo una hipertrofia militar con su acción foquista, acartonada y militarista sobre la equivocada base maoísta, donde el poder nace del fusil.


Cada día en las selvas colombianas comprobaba el proceso de degradación en el que entraron las Farc, no sólo por el trato degradante que sufrí a pesar de ser un civil ajeno a su lucha, sino con los atropellos, las ejecuciones y los castigos, a los que se someten entre ellos. Lo constaté al observar un ejército conformado por niños y adolescentes analfabetas sin formación política que se limitan a obedecer órdenes ciegamente.


A mi juicio, la salida para el conflicto sólo se da a través del diálogo y para lograrlo se deben generar condiciones para que las partes ganen confianza. El Estado debe convertir las debilidades y problemas que existen en sus fronteras en fortalezas para que los países vecinos contribuyan a un proceso de paz serio y duradero y si las Farc quieren ganar un espacio político no les queda otra oportunidad histórica que aprovechar estas condiciones que les son favorables políticamente con estas naciones antes de que el péndulo vuelva al otro extremo, y de esa manera puedan blindar cualquier acuerdo para evitar que asesinen a sus dirigentes como sucedió con los líderes de la Unión Patriótica, y lo que no pueden hacer las Farc es combinar la forma de lucha con actos terroristas, porque el país lo consideraría como otro engaño más.


Hago estos comentarios con una inmensa tranquilidad espiritual, por tanto este aporte carece de odio; de no ser así, estaría condenado como lo he escrito varias veces a seguir encadenado a esa selva que fue mi cárcel durante muchos años.



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