lunes, 17 de agosto de 2009

Polo ¿Democrático Alternativo?

Editorial

Vanguardia Liberal, Bucaramanga

Agosto 16 de 2009

En sus principios, muchos colombianos vieron al Polo Democrático Alternativo como una reivindicación de la izquierda. Como a un nuevo partido que podría, respetando las instituciones y acatando el sistema, mostrarle al país que los movimientos considerados como de izquierda no son por naturaleza violentos e inhumanos, como los han hecho aparecer las Farc, o anacrónicos y de espaldas a las nuevas tendencias políticas y económicas mundiales, como lo han expuesto varios de los vecinos de la región, así como las colectividades de algunas naciones europeas.

En teoría, a grandes rasgos el Polo representaría una tendencia de pensamiento más social, preocupada por el bienestar de los más pobres, por brindar igualdad de oportunidades a los ciudadanos del común y velar desde el Estado por una distribución más justa del ingreso.

Pero lamentablemente no ha sido así. Y no ha sido así, porque además de las diferentes variantes que el Polo permitió que ingresaran a sus entrañas y que lo contaminaron de la politiquería de antaño, igual o inclusive más que a los partidos tradicionales, la nueva colectividad parece haber perdido su rumbo.

Sí. Además de que en su interior no ha puesto en práctica ideas precisamente democráticas o de apertura ideológica en cuanto a la designación de sus principales figuras, en el campo de la política internacional ha dejado ver en las últimas semanas una imagen que tiene asombrada a la opinión pública.

Es que actos como el de visitar a Hugo Chávez en una actitud rayana en la pleitesía, cuando el trato que le ha dado el mandatario venezolano a Colombia se puede considerar como humillante y despectivo por decir lo menos, levanta serias dudas sobre los pilares ideológicos del Polo.

Lo anterior sin contar, claro, con la admiración profesada y poco disimulada por el líder venezolano, quien hace rato rompió las barreras de la democracia para someter a su propio país a una dictadura de las que se pensaba morirían con los hermanos Castro en Cuba.

Así las cosas, el Polo tiene una deuda gigantesca con sus seguidores y un reto inmenso ante el país entero. Y ese desafío no incluye únicamente demostrar que los partidos de izquierda no son, como ya se mencionó, agrupaciones violentas, extemporáneas y totalmente alejadas de la realidad, sino que además, están en capacidad de hacer una oposición seria y sustentada sin caer en confabulaciones de diplomacia paralela contra su propia nación.

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