lunes, 17 de agosto de 2009

Vientos de cambio

Editorial

El País, Cali

Agosto 16 de 2009

Después de varias semanas llenas de malentendidos y discursos agresivos, quedaron maltrechas de nuevo las relaciones de Colombia con Venezuela y Ecuador, produciendo, a su vez, consecuencias que en nada benefician a sus pueblos. Ahora, la semana que comienza puede marcar el regreso a la tranquilidad, siempre que el lenguaje agresivo y descalificador sea reemplazado por el de la concordia que debe existir entre vecinos con intereses comunes.

Durante la asamblea anual de la Asociación Nacional de Industriales, el presidente Álvaro Uribe sorprendió a los asistentes con sus palabras de reconciliación. De nuevo presentó sus excusas a Ecuador por el bombardeo en su territorio al campamento de ‘Raúl Reyes’, ofreciendo entablar los diálogos que se requieran con el gobierno de ese país y el de Venezuela.

Según el Primer Mandatario de los colombianos, en esos diálogos se podrá analizar con franqueza el convenio que nuestro país se apresta a firmar con los Estados Unidos para la utilización de siete bases militares. Es la oportunidad para aclarar el sentido de ese acuerdo, muy distante por cierto de las acusaciones con las cuales se ha querido satanizar a Colombia, sindicándola de montar una plataforma para agredir al vecindario. Y para replantear unas relaciones históricas que no pueden seguir siendo estropeadas por las Farc y el azaroso devenir de las diferencias ideológicas.

Por que eso es el resultado de las continuas y crecientes polémicas que se han desencadenado en las últimas semanas, a raíz de las acusaciones falsas sobre supuestas bases de Estados Unidos en Colombia, lo que puso en graves aprietos la cumbre de Unasur en Quito. Y, sin duda, la temperatura fue aumentada por los videos y las informaciones filtradas sobre relaciones de las Farc con los gobiernos de Venezuela y Ecuador. Con ello, el protagonismo lo ganó la confrontación, en desmedro de las relaciones ancestrales y fraternas, marcadas siempre por el deseo de propiciar el desarrollo común de las tres naciones.

Al hacer su llamado a la conciliación, el presidente Uribe interpretó el deseo de los colombianos de restablecer la concordia sobre la base del diálogo franco y respetuoso. Lo cual no debe entenderse como la obligación de plegarse a una u otra posición ideológica, ni que se deba aceptar la agresión frecuente y en público, o la amenaza. Porque con esas actitudes sufren en primer lugar los pueblos que deben padecer el resentimiento de sus economías. Eso está sucediendo en los territorios de frontera, donde ya son comunes la escasez, la carestía y la amenaza del contrabando que aprovecha las desavenencias entre los gobernantes.

El presidente Uribe aceptó concurrir a la reunión extraordinaria de Unasur en Bariloche, propuesta por la Mandataria de Argentina, donde explicará el acuerdo con los Estados Unidos. Días antes, Ecuador empezó a desmontar los gravámenes a los productos colombianos. Ese es el nuevo lenguaje que debe imperar en las relaciones de Colombia, Ecuador y Venezuela. Atrás deben quedar las interferencias que las Farc han ocasionado en la vida común de sus naciones.

No hay comentarios: