Editorial
El País, Cali
Agosto 16 de 2009
Durante la asamblea anual de
Según el Primer Mandatario de los colombianos, en esos diálogos se podrá analizar con franqueza el convenio que nuestro país se apresta a firmar con los Estados Unidos para la utilización de siete bases militares. Es la oportunidad para aclarar el sentido de ese acuerdo, muy distante por cierto de las acusaciones con las cuales se ha querido satanizar a Colombia, sindicándola de montar una plataforma para agredir al vecindario. Y para replantear unas relaciones históricas que no pueden seguir siendo estropeadas por las Farc y el azaroso devenir de las diferencias ideológicas.
Por que eso es el resultado de las continuas y crecientes polémicas que se han desencadenado en las últimas semanas, a raíz de las acusaciones falsas sobre supuestas bases de Estados Unidos en Colombia, lo que puso en graves aprietos la cumbre de Unasur en Quito. Y, sin duda, la temperatura fue aumentada por los videos y las informaciones filtradas sobre relaciones de las Farc con los gobiernos de Venezuela y Ecuador. Con ello, el protagonismo lo ganó la confrontación, en desmedro de las relaciones ancestrales y fraternas, marcadas siempre por el deseo de propiciar el desarrollo común de las tres naciones.
Al hacer su llamado a la conciliación, el presidente Uribe interpretó el deseo de los colombianos de restablecer la concordia sobre la base del diálogo franco y respetuoso. Lo cual no debe entenderse como la obligación de plegarse a una u otra posición ideológica, ni que se deba aceptar la agresión frecuente y en público, o la amenaza. Porque con esas actitudes sufren en primer lugar los pueblos que deben padecer el resentimiento de sus economías. Eso está sucediendo en los territorios de frontera, donde ya son comunes la escasez, la carestía y la amenaza del contrabando que aprovecha las desavenencias entre los gobernantes.
El presidente Uribe aceptó concurrir a la reunión extraordinaria de Unasur en Bariloche, propuesta por
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