jueves, 20 de agosto de 2009

¿Hasta cuándo el show?

Editorial

La Patria, Manizales

Agosto 20 de 2009



No se puede aceptar por ningún motivo el secuestro y menos que se juegue con la posibilidad de liberar a cuenta gotas a las víctimas de este cruel e infame delito.

Vuelve y juega un nuevo show de las Farc con el “humanitario” tema de unas liberaciones unilaterales de secuestrados, queriendo hacer ver ante la comunidad internacional que se trata de un gesto de buena voluntad y una muestra de su real intención por acabar con el conflicto en Colombia.


Si bien el anuncio hay que celebrarlo pues en este caso se trata del retorno a la vida libre de dos miembros de la fuerza pública que tiene en su poder, contra su voluntad, ese grupo armado ilegal, el mayor de la Policía Guillermo Solórzano y el cabo del Ejército Salín Antonio Sanmiguel, también debe ser aprovechado este momento para exigir que devuelvan cuanto antes a los 22 uniformados más que mantienen secuestrados hace 11 años en campos de concentración y en precarias condiciones de salud en la selva.


Es más, el país entero tiene que reclamarles a las Farc el fin de esta dolorosa práctica criminal, así la hagan bajo la absurda intención humanitaria o con fines económicos, pues destruye hogares y acaba con la armonía de familias enteras las cuales al enfrentarse a un delito de estas características se desintegran, venden sus pocas pertenencias, se suicidan o llevan al olvido a muchos de sus miembros.


No se puede aceptar por ningún motivo el secuestro y menos que se juegue con la posibilidad de liberarlos a cuenta gotas, tal y como ha pasado con el cabo Pablo Emilio Moncayo, quien por espacio de 11 años ha permanecido en poder del grupo armado ilegal y desde hace cerca de dos años se habla de su posible liberación sin que ésta se dé.


Durante ese tiempo su padre ha recorrido una gran cantidad de países reclamando un acuerdo humanitario que si bien es una de las alternativas lejanas de volver a tener a su hijo en casa, lo deja ver como víctima de los gobiernos de turno y no de las Farc que fueron las que lo secuestraron después de atacar con armas no convencionales bases militares y asesinar decenas de uniformados y civiles tras los cruentos ataques.


Ahora el movimiento insurgente acude de nuevo a la intermediación de la senadora Piedad Córdoba, a quien condiciona como única persona válida para que se dé la liberación, y a partir de allí se genera una larga campaña mediática que no se sabe cuándo terminará, para luego, unos meses después, insistir en la liberación de otros dos o tres uniformados en un deliberado plan por hacerse mencionar y figurar nacional e internacionalmente.


Hay que pedir que pare ya ese juego macabro de los anuncios de entrega de pruebas de supervivencia que demoran meses y meses, para luego prometer unas liberaciones que nunca se dan en el tiempo establecido. Además con ello condicionan el accionar de la fuerza contra los grupos insurgentes, terroristas y narcotraficantes, pues cualquier operativo ofensivo o de rescate puede acabar con la vida de los secuestrados a quienes utilizan como escudos.


Ya está bien de tanto show y de quienes se presten al mismo. A la senadora Córdoba se le tienen que agradecer sus buenos gestos y su trabajo en favor de las liberaciones que ha logrado, así como al grupo de Colombianos por la Paz, del que ella hace parte, pues cumplen con una tarea humanitaria, pero no puede ello confundir a la opinión pública. La responsabilidad por la vida y la suerte de los secuestrados es de las Farc que no han atendido las propuestas ofrecidas y como grupo al margen de la ley hacen exigencias imposibles de cumplir.

No hay comentarios: