jueves, 20 de agosto de 2009

´Politiqueando' con el intercambio

Por Dario Acevedo Carmona

El Tiempo, Bogotá

Agosto 20 de 2009

El presidente Uribe, al aceptar que la senadora Piedad Córdoba esté presente en la recepción de los militares secuestrados, siempre y cuando todos sean liberados, ha abierto una puerta a la solución del problema. El Ministro del Interior aclaró una duda importante: las liberaciones se pueden hacer en distintos actos y fechas. Uribe otorgó plenos poderes al alto comisionado de Paz, Frank Pearl, para que se encargue de las gestiones que sean necesarias. Pero, creyendo sin razón, que se configuraba un nuevo aire para el llamado "intercambio humanitario", la senadora Piedad Córdoba ha realizado una intensa labor de presión para que el presidente Uribe le conceda una cita. En su ayuda, un grupo de connotadas personalidades de la izquierda comunista internacional, de las que aún piensan que las Farc son revolucionarias y están haciendo un gesto humanitario, firmaron una carta dirigida a Uribe en la que piden que la senadora sea recibida en Palacio. No parecen muy claras las razones por las cuales Córdoba se quiere pasar por la faja al Comisionado. Intentemos una explicación.


Es claro que las Farc esperan obtener algún rédito con las liberaciones, como por ejemplo la libertad de algunos de sus militantes presos y recuperar su imagen como actores políticos. Los secuestrados constituyen una carga pesada para sus carceleros porque les implica un enorme esfuerzo en hombres y en logística y se distraen fuerzas de otras actividades más importantes. Además, todas las expectativas que llegaron a tener con el conjunto de secuestrados se han venido a menos con mucha pena y nula gloria. Desprestigio, humillación, pérdida de solidaridades y de amigos es el saldo que les queda de una estrategia levantada sobre el imposible moral de convertir el secuestro y la toma de rehenes -crímenes condenados por la justicia internacional- en armas para sacar ventajas.


Las recientes declaraciones de Cano, como si estuviera hablando en el 2000, no dejan la menor duda de que los comandantes farianos no han entendido que la coyuntura internacional les es adversa, que los secuestrados que mantienen ya no suscitan el interés mundial y que, por lo tanto, hay que buscar cómo ponerle punto final al asunto. ¿Cómo hacerlo de tal forma que no le resulte gratuito al Gobierno? Para entender la movida que intentan realizar nos debemos remontar a una carta de 'Manuel Marulanda' al secretariado (hallada en el computador de 'Reyes') en la que se plantea que para ellos la consigna del intercambio humanitario significa "crearle problemas al gobierno de Uribe dentro y fuera del país" y el reconocimiento de beligerancia. Hasta la creación de un grupo tipo Contadora, que sería convocado por el presidente Chávez, estuvo en los cálculos de las Farc para alcanzar el objetivo principal del intercambio: el reconocimiento de beligerancia y la presión internacional para que se diera inicio a una negociación en términos de igualdad con el gobierno colombiano. Estos aspectos son omitidos en la acción propagandística adelantada por ciertos sectores que han adoptado el intercambio como un tema simplemente humanitario, bien por interés politiquero, por ingenuidad o porque simplemente le quieren hacer el mandado a la guerrilla.


Embolatados los propósitos de 'Marulanda' gracias a las Operaciones Jaque y Fénix y a la ofensiva de la Fuerza Pública, no les queda otra alternativa que buscar una ganancia más realista con los que aún tienen secuestrados. Para eso están Piedad, los intelectuales comunistas y el grupo de Colombiano(a)s por la Paz.

La idea es insistir y posicionar el intercambio como tema central de la coyuntura electoral. La presión sobre el Gobierno será incisiva y constante. Los partidarios del intercambio tratarán de volcar a los familiares y a la opinión pública en contra de un presidente al que califican de insensible. Córdoba y Cepeda son hábiles en la manipulación de las pruebas de supervivencia y se esfuerzan para que sean vistas como gestos humanitarios y anuncian la llegada de otras ante la desilusión que generó que sólo hubiesen llegado dos. La expectativa, entonces, no es la liberación de las víctimas del horrible crimen de secuestro, por más de diez años y encadenados como en campos de concentración, sino las pruebas de supervivencia. ¡La crueldad dosificada!


Mientras tanto, el Gobierno y la sociedad siguen a la espera de que cese el dolor y que los secuestrados sean liberados en su totalidad sin más humillaciones. A cambio se acepta que tenga lugar el espectáculo publicitario ante los medios con el que las Farc buscan obtener oxígeno político e impulsar la imagen política de algunos amigos que sí los entienden. Para que este escenario sea realidad, es improcedente convertir la propuesta de reunión Uribe-Córdoba en una consigna o en un condicionante, pues eso significaría tomar por principal lo que es secundario y sacrificar el objetivo enredando los medios.


También es deseable, de parte de quienes quieren ayudar a la concreción del intercambio, que asuman una posición más crítica y de contundente rechazo ante los recientes secuestros perpetrados a sangre y fuego por las Farc contra el concejal de Garzón y el presidente del Concejo de San José del Guaviare. Es evidente que dichas acciones constituyen un ataque a la democracia en sus expresiones locales y que no tiene presentación ética que, en el marco de una gestión liberadora, se pase por alto que a la vez que se desea resolver el dolor de unos se guarde silencio frente a nuevos atropellos, porque entonces ahí sí cobraría valor el interrogante pesimista: ¿para qué negociar liberaciones si siguen secuestrando?

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