El Mundo, Medellín
Agosto 18 de 2009
Entre las organizaciones sociales del país, los movimientos indígenas se han destacado por su acuciosidad para defender sus derechos y perseverar en sus tradiciones. La cohesión de las comunidades ha sido barrera sólida que les ha permitido alejar a las organizaciones criminales que han pretendido desalojarlos de sus resguardos o, peor aún, usarlos para sus guerras contra el Estado. Por la claridad de sus principios y su contundente disposición a defenderlos, la mayor parte de los colombianos tenemos amplias coincidencias con nuestras comunidades indígenas.
Las tribus han pagado costos enormes por su negativa a participar en el narcotráfico, la guerrilla o el paramilitarismo y por su disposición firme a defender sus tierras y pueblos. Sólo en este año, por ejemplo, han sido asesinados 64 miembros de los grupos, veinte de ellos en la masacre cometida por las Farc contra miembros de la comunidad Awa y otro tanto en asesinatos individuales en el norte del Cauca, donde las comunidades enfrentan con inusitada valentía la presión de las Farc, que pretenden apoderarse de sus tierras, parte de un corredor estratégico para el tráfico de armas y drogas; siembran sus campos con las nefastas minas antipersonal, y los acosan con el reclutamiento forzado de menores. El país, encabezado por el Gobierno Nacional, reconoce las dificultades y riesgos que enfrentan estos pueblos y es solidario con sus causas.
A fines de la semana pasada, voceros de
Ese discurso tan parecido al que usan en sus incursiones internacionales algunas ONG y grupos sociales radicalizados, nos obliga a preguntarnos si esa es la cuota que les impuso la burocracia internacional de
En efecto, el país es testigo de la apertura del Gobierno para mantener vigentes instancias de negociación “con las organizaciones, pueblos y autoridades indígenas”, con los que se avanza en acuerdos liderados por el presidente Uribe en sus reuniones con los líderes de las comunidades. Asimismo, son destacables las acciones de respeto a los pueblos expresadas en el hecho de que “en ningún momento se ha criminalizado a los pueblos indígenas y, de hecho, no cursa una sola investigación contra pueblo indígena alguno”. Destacamos el ánimo de concordia del Gobierno y la ratificación de compromisos para atender las demandas de las organizaciones y de protección a los grupos en riesgo de desplazamiento, con quienes se planea consultar “a partir del mes de septiembre el programa nacional de garantías y se diseñarán 34 planes de salvaguarda para los pueblos indígenas desplazados o en riesgo de desplazamiento”.
Capítulo aparte en este debate merece el relativo a la explotación de los recursos naturales en resguardos indígenas, que algunos de sus jefes pretenden que sea prohibida en forma absoluta imponiendo con su actitud una pesada carga a sus miembros y al resto del país, a los que impedirían la posibilidad de beneficiarse de la explotación ordenada de bienes que contribuyen a la superación de las difíciles condiciones de pobreza en que hoy viven muchas de las comunidades. Sobre el tema hemos abundado en otras oportunidades y esperamos volver nuevamente.
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