Editorial
El Colombiano, Medellín
Agosto 18 de 2009
En plena campaña electoral para
Cuando Galán les hablaba a los colombianos, esa incipiente cultura del narcotráfico que crecía en la sociedad colombiana -tan nociva que hasta infiltró a la guerrilla- empezó a verse acorralada por un pensamiento político joven que no comulgaba con sus extravagancias ni caía en las tentaciones seductoras del dinero fácil. Esa corriente política se volvió hostil y desencadenó el magnicidio que hoy pesa sobre una Colombia que lucha por salir de ese estado ya crónico de temor.
Con Galán murió un gran líder y una promesa de la política colombiana, pero nació una corriente social que viene enfrentado abiertamente las relaciones entre los narcotraficantes y los políticos. Su muerte no fue en vano. Desde ese 18 de agosto de 1989, algo se rompió en la historia, algo se despertó en la sociedad, pero sobre todo, nos dimos cuenta de los tenebrosos alcances de la conjugación de mafias.
Poco meses antes de su muerte, dijo en Bogotá: "me estoy arriesgando, estoy consciente de eso, pero confío en que en la medida en que obre con la intención de servir a los intereses generales, al final del proceso, los riesgos van a ser ampliamente recompensados". Esa recompensa para el país no ha llegado porque Colombia olvida pronto, de aquí, el serio deber nacional de recordar a un hombre como Galán, quien dio una batalla frontal contra aquellos que ayer se aliaron con políticos corruptos y hoy se asocian con la guerrilla para seguir truncando los sueños de
Cerca del fatídico día de hace 20 años, dijo ante los medios que "los caminos de la paz no son fáciles, pero es nuestro deber intentarlo con toda la imaginación y con toda la entereza indispensable para que podamos defender la vida de miles de colombianos". Galán no logró construir la paz directamente, pero sí sembrar un nuevo liderazgo nacional, ideas de fe. Y que es un deber político trabajar por un país mejor para los más jóvenes.
Siempre repetía que "cuando una sociedad no le da esperanza a su juventud, esa sociedad tampoco tiene esperanza por sí misma". Galán está muerto, pero su ideario político y sueño de país hoy cobra vigencia. Estamos seguros de que fue uno de esos hombres que nacieron para dejar una profunda huella más allá de su muerte.
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