Por Libardo Botero C.
Blog Debate Nacional, Medellín
Agosto 17 de 2009
En un acto conmemorativo de
Al final de la legislatura anterior, cuando el Senado aprobó el proyecto de referendo, había proferido similares improperios. En aquella ocasión el ex presidente Pastrana, al unísono, expresó que la decisión del legislativo significaba romperle el espinazo a
El presidente Uribe ha respondido con mucho tino, explicando su lucha frontal contra el paramilitarismo (que creció desmesuradamente, como se sabe, en los gobiernos de sus antecesores), defendiendo la descentralización y el respeto estricto a los mandatarios regionales, resaltando el clima de libertades pleno y de separación entre las ramas del poder que vive el país, ajeno a cualquier tentación totalitaria, entre otros temas. Y en particular, reiterando que el proceso de reforma constitucional actual no significa ruptura de la institucionalidad, sino que se verifica dentro de parámetros constitucionales y legales. A diferencia, anotó oportunamente, de la convocatoria “plebiscitaria” de
Es claro que las Cámaras han obrado sujetándose estrictamente a la normatividad vigente. El desasosiego propio de una derrota política conduce a formular semejantes exabruptos a curtidos políticos que debieran tener la gallardía de aceptar la derrota y prepararse para la batalla de las urnas. Pero parece que lanzar suspicacias se ha convertido en costumbre de la oposición, y que prefieren escurrirle el bulto a los comicios parapetándose en leguleyadas, como medio para detener la voluntad popular.
Fue
En un libro recién publicado sobre la reelección (Por qué sí reelegir a Álvaro Uribe, Oveja Negra, 2009), el académico Alfonso Monsalve demuestra, Constitución en mano, que un presidente que ejerza tres veces consecutivas no podrá incidir sino marginalmente en el equilibrio de poderes. Lo mismo acaba de argüir el presidente Uribe en Barrancabermeja: “El Gobierno no interviene en la conformación del Consejo de Estado ni en la conformación de
Agreguemos, de contera, que la arquitectura de
Pero, por otro lado, podríamos agregar que hay una confusión entre la potestad del presidente de nominar para un cargo y el que esa persona sea una ficha suya. Aún en caso de que no hubiera reelección. Esa es una presunción grave y falsa. No solo por las calidades exigidas a los candidatos a dichos cargos, sino por el hecho de que no son de libre nombramiento y remoción del presidente y no están obligados a seguir su voluntad. De allí que haya sido casi una regla en estos años, que esos funcionarios públicos hayan actuado con la mayor autonomía, contradiciendo con frecuencia al gobierno que los postuló.
He aquí otra confusión: que tener independencia sea estar en contra. Si un Fiscal, Procurador o Magistrado de una Alta Corte adopta decisiones en consonancia con el Ejecutivo, siempre que se atenga a las disposiciones legales, actúe libre de presiones y obre a conciencia, es tan independiente como cuando las toma en contravía de éste. En cambio debieran causar alarma presiones burdas como las ejercidas por Pastrana para que
Lo anterior me lleva a una reflexión final: ¿si un partido o coalición –no ya un presidente- gobierna por varios períodos e impone funcionarios de su signo en las distintas ramas, se le “tuerce el cuello” a la democracia? ¿Debería también limitarse eso? Pienso por el contrario que es justo que las diferentes ramas del poder reciban el aire fresco de los vientos dominantes en la opinión. Como en EEUU, donde la composición de
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