miércoles, 19 de agosto de 2009

La manipulación continúa

Editorial

El País, cali

Agosto 19 de 2009

Dos familias recibieron el lunes pasado las pruebas de supervivencia de sus parientes secuestrados por las Farc, que fueron entregadas a la senadora Piedad Córdoba y al grupo de Colombianas y Colombianos por la Paz. Mientras tanto, otras 22 aguardan con paciencia que la guerrilla cumpla con el ofrecimiento de entregar las pruebas de las demás víctimas y los restos mortales del mayor Guevara.

Algunos, como la Senadora y sus acompañantes, no ocultan la alegría por haber recibido esas pruebas. Así lo expresaron en vivo y en directo frente a las cámaras de Telesur, el canal de televisión propiedad del régimen que gobierna a Venezuela. Y a la par con el anuncio de que seguirán llegando en forma espaciada más de esos documentos fílmicos o escritos, no pierden la oportunidad de recordar su exigencia de una cita con el Presidente de la República, de la cual quizás pueda salir la autorización para actuar en representación del Gobierno Nacional.

Las pruebas que llegaron pertenecen al mayor Guillermo Solórzano de la Policía Nacional, secuestrado hace menos de dos años en Miranda, departamento del Cauca, y al cabo Salín Antonio Sanmiguel, perteneciente al Ejército y quien fuera plagiado en el municipio de El Tambo, en el departamento de Tolima, en mayo de 2008. Nada se sabe de la suerte de los otros 22 secuestrados, algunos de los cuales llevan ya más de 12 años en cautiverio. También es un misterio cuándo le cumplirán a la madre del capitán Julián Guevara la promesa de entregarle los restos de su hijo fallecido en la selva, en condiciones por demás absurdas y sin asistencia médica para sus males.

Ahora, hay que seguir esperando el cuentagotas que han establecido las Farc para la entrega de las otras pruebas de supervivencia, aunque ya se sabe que no vendrán de todos los secuestrados. Se volverá a escuchar la misma explicación: que la presión de la Fuerza Pública hace difícil a los secuestradores cumplir sus ofertas, además de poner en riesgo la vida de las víctimas. Y que siguen esperando la reunión con el Gobierno para definir las condiciones del tantas veces nombrado intercambio humanitario.

Mientras tanto, con la esperanza de las dos familias que recibieron testimonios de sus parientes y la tristeza de las otras que se quedaron sin noticias, sin aún tener información de los dos militares cuya liberación unilateral fue anunciada en abril pasado, la senadora Córdoba habla de la libertad de un tercero. Pero, como ha ocurrido desde entonces, nada se sabe, distinto a la insistencia en responsabilizar al Estado por la suerte de quienes fueron plagiados por las Farc.

La pregunta que se hacen los colombianos es cuánto tiempo más deberán soportar la manipulación infame con los secuestrados. Y si esa estrategia de entregar pruebas de vida a cuentagotas no es otra manera de usar su desgracia con intenciones políticas ajenas al carácter humanitario que debe guiar cualquier intermediación. Por lo pronto, y mientras se encuentra la forma de devolverlos a la libertad, habrá que esperar las pruebas que los secuestradores tengan a bien entregar.

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