lunes, 11 de mayo de 2009

Ni furibista, ni urifóbico

Por Mauricio Vargas

El Tiempo, Bogotá

Mayo 11 de 2009
 

No estoy de acuerdo con el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, ni con quienes lo atacan con ferocidad con toda clase de epítetos descalificadores. Él plantea que los electores no tenemos sino dos opciones: Uribe o el desastre. Y los otros, que equiparan a Uribe con el desastre, no quieren saber nada de lo que huela a Uribe, así se trate de herederos suyos dispuestos a seguir con sus políticas más positivas, e imponer ajustes en la dirección del país. Para José Obdulio, sólo Uribe debe seguir a Uribe en el 2010. Para quienes lo atacan, Uribe acabó con la democracia y se convirtió en dictador.

 

Todos ellos están equivocados. En su radicalismo, olvidan que en la historia hay procesos y en la política, matices. Que la realidad no es de blanco y negro, que hay grises, y que la sociedad colombiana, a punta de enfrentar las amenazas de los peores criminales, lo mismo 'Tirofijo' que Mancuso, 'Jojoy' que 'Jorge 40', ha madurado y no se va a dejar encerrar en el juego maniqueo de estar con Uribe o contra él, de pensar que es la personificación del Mesías, o de creer que es el mismísimo Patas.

 

Uribe sacó a Colombia de un hoyo profundo. Cumplió su promesa de contener a una guerrilla prepotente, que año a año ganaba más territorios. E hizo más: la arrinconó, la desbarató y la dejó al borde de la derrota definitiva. En cuanto a los paramilitares, creo que cometió graves errores en el proceso de Justicia y Paz, y que cargará la responsabilidad política de haber nombrado a Jorge Noguera en el DAS, lo que abrió las puertas de esa entidad a una pandilla de criminales, algo que me permití denunciar hace ya varios años en esta columna. Pero también pienso que el día que extraditó a los 14 jefes paramilitares más importantes acabó con las Auc. ¿Que se sacrificó la verdad y la reparación? Me parece que en Estados Unidos, los 'paras' extraditados han contado más de lo que habían dicho aquí, donde se burlaban de los fiscales y de las víctimas en cada audiencia. Para no hablar de que aquí iban a pagar de cuatro a seis años en celdas de lujo, y en la tierra del Tío Sam van a pagar décadas con una hora diaria de sol.

 

Aun si la guerrilla sigue atacando, y aun si perviven bandas armadas que evocan los inicios de las Auc, creo que la historia dirá que bajo los dos mandatos de Uribe tanto guerrilla como paramilitares perdieron el impulso que traían y quedaron en estado de coma. Este éxito de Uribe deja sin argumentos, por igual, a furibistas y a urifóbicos. A los urifóbicos, porque esos logros de Uribe, más allá de errores y condenables excesos, le devolvieron a Colombia la posibilidad de vivir en paz y en democracia. Y a los furibistas, porque si los resultados son tan sólidos, su sostenimiento no debería depender de que Uribe siguiera en el gobierno. Lo contrario querría decir que aún son frágiles y que los casi siete años de mandato del Presidente no han sido tan buenos. El verdadero éxito de las políticas de un mandatario, sobre todo si estuvo ocho años, es que estas hayan quedado tan consolidadas que él pueda irse del poder sin temor a un reversazo.

 

En la última encuesta de Gallup, puntean Sergio Fajardo, el menos uribista de los uribistas, seguido de Juan Manuel Santos, Germán Vargas y Andrés Felipe Arias. Ningún anti-uribista aparece con opciones de ganar: los colombianos no quieren a alguien que ponga en riesgo los logros en materia de seguridad. Pero los encuestados encuentran en el abanico de presidenciables opciones distintas a la reelección, incluso si esta tiene apoyo. Y al mantener el respaldo a Uribe en 68 por ciento, pero rajarlo en temas como empleo, lucha contra la pobreza o combate a la corrupción, demuestran que tienen más matices que aquellos que nos quieren meter en la sinsalida de que hay que estar con Uribe o contra él.

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