miércoles, 6 de mayo de 2009

Sensatez internacional

Editorial

El Mundo, Medellín

Mayo 6 de 2009

Brasil no se va a dejar envolver en embelecos que constituyen una intromisión irregular en la política interna de un amigo y vecino.

Después de anunciar con bombos y platillos sus reuniones con dignatarios internacionales de altura presidencial, la senadora Piedad Córdoba ha tenido que resignarse a un encuentro burocrático con un asesor del mandatario brasilero y al aplazamiento, sin agenda definida, de una reunión con personal de la Embajada estadounidense en Colombia. A pesar de la sordina que ella y sus asesores le han puesto a las cancelaciones, e incluso del cuidado con que los gobiernos involucrados las han tratado, ellas se nos aparecen como claras manifestaciones de distanciamiento de importantes gobiernos con el uso político de la liberación del cabo secuestrado Pablo Emilio Moncayo, e indirectas y contundentes afirmaciones de apoyo al presidente Álvaro Uribe en su decisión de dejar el proceso en manos de la Cruz Roja Internacional y la Iglesia Católica. 


Después de mostrarse ante sus medios amigos como víctima de esa decisión, la senadora desplegó su capacidad de manipulación del afán de chiva de los grandes medios periodísticos para anunciar una segura cita con el presidente Lula Da Silva, a quien buscaba involucrar en la formación de una comisión internacional para esa liberación. Pues bien, el lunes 27, día para el que había anunciado el encuentro, fue recibida por Marco Aurelio García, asesor internacional del gobierno de Brasil. Casi oculta en la palabrería con la que se quiso mostrar la reunión como un encuentro intrascendente más, quedó la notificación del funcionario en el sentido de que su país sólo sería parte de esa liberación si así se lo pedía el gobierno de Colombia, como ya lo había hecho en ocasión anterior. La senadora permaneció hasta el 29 de abril en Brasilia, donde intentó inútilmente hablar con el presidente Lula, que una vez más hizo gala de su amistad con Colombia y de su respeto por las decisiones soberanas de nuestro gobierno.
 


A su regreso a Colombia, para esquivar el impacto de la noticia de su fracaso en Brasilia, sacó de su manga la propuesta de creación de un Kaguanistán o zona franca para guerrilleros en la frontera colombo-brasilera, donde los gobiernos han decidido sumar los esfuerzos de sus Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcoterrorismo de las Farc. El prudente silencio de la cancillería vecina frente a tamaño desaguisado es contribución significativa a demostrar que Brasil no se va a dejar envolver en embelecos que constituyen una intromisión irregular en la política interna de un amigo y vecino.
 


Habiendo fracasado ante el gobierno de Brasil, la senadora Córdoba emprendió su búsqueda de vitrina con nada más y nada menos que el gobierno estadounidense, anunciando un encuentro con el embajador William Brownfield para involucrar a ese país en sus gestiones por la liberación del cabo Moncayo. Después de anuncios rimbombantes sobre el encuentro que debería realizarse ayer en la mañana en Bogotá, la delegación anunció con toda diplomacia, valga aquí plenamente el uso de la palabra, la cancelación del encuentro por “compromisos encontrados de agenda”. Ninguna de las partes ha anunciado hasta ahora que tenga interés en volver a programar una reunión que por ahora aparece tan aplazada como el anunciado encuentro de la senadora con el presidente Barack Obama, que finalmente no la había invitado a su posesión, como ella había anunciado que iba a ocurrir.
 


En donde mayor eco ha encontrado a su interés de seguir usando a los secuestrados para su propia causa, es en la prensa nacional, donde algunos columnistas siguen aupándola para que al mantener esa batalla les contribuya a su afán de desprestigiar al presidente Uribe y desestimar toda su obra de gobierno. Sin embargo, el buen eco que venía teniendo entre los grandes medios para su empeño comienza a desaparecer, como sucedió el lunes con el editorial de El Tiempo, que declaró que “algo de razón le cabe al Presidente cuando impide que la senadora Piedad Córdoba sea el personaje central de la gestión humanitaria para la liberación de más rehenes en poder de las Farc. En estas páginas hemos elogiado la labor desarrollada por la aguerrida dirigente liberal, que obtuvo un éxito significativo hace pocos meses en este campo. Pero el hecho de que ella mantenga viva su aspiración presidencial en pleno período preelectoral desaconseja que sea la persona que lleve a cabo una tarea humanitaria que debe estar desprovista de cualquier interés personal.”
 


Conocedores de la contumacia de la senadora, nos preocupamos por las manipulaciones que ahora intente en su esfuerzo por presionar una autorización a su empeño de usar con fines políticos personales y de las Farc, cualquier intento de liberación de alguno de los compatriotas secuestrados por la narcoguerrilla. Sin embargo, a Colombia le queda la tranquilidad de que los gobiernos del mundo y un grupo creciente de los periodistas que la estimulan en sus actuaciones están entrando en razón frente a la tragedia de los secuestrados y la necesidad de apoyar al gobierno del presidente Uribe en su decisión de evitar la conversión de cada liberación en un acto de campaña política y confiarlo a quienes lo pueden hacer con seriedad y eficiencia: el Cicr y
la Iglesia Católica.

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