Editorial
El Tiempo, Bogotá
Febrero 8 de 2010
Cumple ya más de seis meses en interinidad el cargo de Fiscal General de la Nación y, por extensión, la propia Fiscalía. No se trata de que la persona encargada, Guillermo Mendoza, carezca de las debidas competencias. Pero el hecho de que ni siquiera él sepa cuántos días le quedan en el puesto, le impide desarrollar políticas de mediano y, mucho menos, de largo plazo en una entidad que, además de requerir con urgencia cambios profundos en su accionar, tiene como misión combatir judicialmente a poderosas organizaciones criminales, así como la creciente actividad de los delincuentes comunes y de los corruptos.
Lo sucedido ha sido el resultado de una prolongada disputa entre el Presidente de la República, que presenta la terna de candidatos al cargo, y los magistrados de la Corte Suprema, que deben escoger un nombre del abanico. En el pulso entre esos dos poderes, la Casa de Nariño llegó a cambiar a dos de los ternados, ante la actitud del tribunal que se negaba a elegir entre los nombres originales con el argumento de que la baraja era "inviable" porque los postulados no cumplían con las calidades requeridas, no por la ley, sino por la propia exigencia de los magistrados.
El tema se destrabó por fin a finales del año pasado, y en cierta medida gracias a la intervención del procurador general, Alejandro Ordóñez, tras un editorial en estas páginas que pedía sus buenos oficios. Con el último cambio que se dio en la terna, y la llegada de la reconocida jurista Margarita Cabello, la Corte Suprema declaró por fin que dicha terna ya era "viable" y que elegiría entre sus integrantes al nuevo Fiscal.
Causó cierta sorpresa que no lo hiciera pronto, en una sala extraordinaria antes de las vacaciones judiciales de fin de año, para cerrar definitivamente este triste capítulo de choque de trenes con el Ejecutivo. Pero no sólo no lo hizo entonces, sino que tampoco lo hizo en enero, una vez terminado el receso.
En las dos semanas recientes se realizó por fin una serie de votaciones, que tras varias rondas no le otorgaron a ternado alguno los 16 votos de mayoría calificada, necesarios para salir elegido. En la más reciente, la doctora Cabello volvió a sacar la votación más alta: nueve votos. En las anteriores rondas hubo sorpresas: en una de ellas, el candidato más votado fue Camilo Ospina, ex secretario jurídico de la Presidencia y ex embajador en la OEA, y cuya candidatura estaba planteada desde la primera terna que el Presidente presentó. Si Ospina era un candidato viable, ¿por qué no salió elegido entonces? El argumento de algunos magistrados es que los tres candidatos debían pasar el filtro y eso sólo habría ocurrido hasta hace poco.
Más allá de lo discutible que resulte ese argumento, la realidad es que la Corte sigue sin elegir Fiscal. Esta semana podría darse una nueva votación que resuelva de una buena vez este enredo y dotara de una cabeza en propiedad a la Fiscalía, por el período fijo de cuatro años, que le daría el margen de maniobra necesario para introducir en la entidad los urgentes ajustes que requiere y para atender, con la legitimidad debida, el complejo frente de la lucha judicial contra la delincuencia.
El país no entendería que la decisión siguiera siendo demorada por los magistrados de la Corte Suprema, y menos que esto ocurriera en un ambiente salpicado de rumores en el sentido de que un grupo de magistrados de la llamada línea dura quiere esperar a conocer el fallo de la Corte Constitucional sobre la reelección para saber si Álvaro Uribe puede o no aspirar a un tercer mandato. Y así mismo, el país recibiría como un alivio que por fin el alto tribunal eligiera al Fiscal, resolviera la interinidad en el cargo y diera santa sepultura a la larga disputa que mantuvo con el Presidente de la República.
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